Belleza

Injerto capilar en Turquía: os cuento mi propia experiencia

Empecé a perder pelo prácticamente cuando salí de la adolescencia, así que llevaba ya bastante tiempo queriendo solucionarlo. Siempre me decía a mí mismo que no tenía que importarme y que este tipo de cosas le pasan a mucha gente, pero no conseguía convencerme y llevaba años sintiéndome mal conmigo mismo. No me quitaba la sensación de que me estaba faltando algo, y de que la imagen que yo tenía de mí mismo no se correspondía con la imagen que veía todos los días en el espejo. Empecé a escuchar hablar de las clínicas de inserción capilar en Turquía, ya que había muchísima gente que estaba recurriendo a ellas para recuperar el pelo. A mí no acababa de convencerme la idea de someterme a una cirugía y seguía pensando que acabaría por acostumbrarme a mi nueva imagen, pero no lo conseguía. Cada día que pasaba me veía peor, y no dejaba de leer reseñas geniales de gente que se había injertado pelo y que estaba muy contenta con el resultado.

Sabía perfectamente que era una operación rápida y muy segura, pero a mí lo de entrar en quirófano y toda la pesca siempre me había dado algo de mal rollo. Aun así, yo sabía que la única solución duradera y eficaz a la que podía recurrir para solucionar mi problema de autoestima era injertarme cabello, así que tomé la decisión de hacerme la operación. Cuando se lo conté a mis padres y a mis amigos al principio se rieron un poco y se lo tomaron a broma, pero cuando vieron que iba en serio intentaron convencerme de que no merecía la pena un viaje tan largo por algo así. Nunca le había comentado a nadie lo mal que me sentía conmigo mismo por lo de estar perdiendo pelo, y de hecho me reía siempre de las bromas de mis amigos sobre eso, pero es algo que por dentro no dejaba de molestarme. Al final entendieron que se trataba de algo muy importante para mí, y de hecho mi padre me ayudó a comprar los billetes a Turquía y fue él quien me acompañó hasta allí para hacerme el injerto capilar.

Si estás pensando en hacerte una operación de este tipo, voy a contarte un poco cuál fue mi experiencia en Turquía y qué tal ha sido el resultado, para que te hagas una idea de cómo es realmente un proceso de este tipo.

Mi experiencia con el injerto capilar

La verdad es que fue todo mucho más sencillo de lo que pensé que sería. Contacté con una clínica especializada en injertos capilares, FUEMEDICALCENTER, y fueron ellos quienes me asesoraron en todo lo demás. Les expliqué que llevaba tiempo sintiéndome mal, y que había empezado a perder pelo hacía ya unos años, pero que me sentía muy joven y que lo que veía en el espejo no se correspondía en nada a cómo pensaba yo que era. Me lo explicaron todo a la perfección y me dijeron que lo que me pasaba a mí le pasaba también a mucha gente, que no era algo de lo que estar avergonzado, y que ellos podían ayudarme. Me explicaron cuáles eran las distintas técnicas que utilizaban para la inserción de pelo, y yo opté por la técnica FUE, que es el microinjerto capilar. Consiste básicamente en que te realizan injertos pequeños de cabello en una zona delimitada por ellos, para que crezca de manera natural. Opté por esta técnica porque lo que más nervioso me ponía era entrar a quirófano, y este procedimiento no necesitaba cirugía y, además, estaba probado como uno de los más eficaces. Hay otras técnicas igualmente efectivas, como la técnica FUSS, pero yo me decanté por la otra porque, según me explicó el cirujano, era más cómoda y se adaptaba mejor a lo que yo estaba buscando.

Mi padre y yo pillamos billetes para estar en Turquía una semana, porque yo no tenía muy claro en qué consistía nada de todo eso y cuánto duraría el proceso. Fue mucho más sencillo de lo que yo esperaba, la verdad. Una vez me lo hubieron explicado todo y hubiésemos decidido qué era lo que iban a hacerme, me pusieron anestesia local y comenzaron con la inserción. La zona en al que yo estaba perdiendo más pelo era sobre todo en la parte frontal y superior, tenía unas entradas muy marcadas y estaban yendo a más, así que delimitaron esa zona. Obviamente tuvieron que raparme, no solo por la comodidad a la hora del proceso sino también porque habría quedado muy raro tener el pelo largo y luego una parte rapada, ya que los microinjertos dan esa impresión. Cuando acabaron, me vendaron la zona del injerto y me pidieron que me la cubriera antes de salir a la calle, para protegerla del sol. Ese día tuve que descansar, aunque el “postoperatorio” realmente no fue nada, y al día siguiente volví para que me retirasen la venda.

Me dijeron que no practicase deporte durante tres semanas, intuyo que por el tema del sudor, y que tenía que lavar el pelo a diario, al principio con una brocha y luego ya, al cabo de unos días, con las yemas de los dedos. Fue un proceso sorprendentemente rápido, y como habíamos comprado billetes para estar ahí una semana nos dio tiempo de sobra para visitar la ciudad.

Hace ya casi un año de aquello y puedo decir, sin temor a equivocarme, que el injerto de pelo ha sido una de las mejores decisiones de mi vida. Mi pelo crece con normalidad y vuelvo a ver en el espejo la imagen que siempre he tenido de mí: más joven, más guapo, y también más contento. No he vuelto a perder pelo y me está creciendo fuerte y sano, con el cuidado adecuado y constante que nunca le di al pelo que perdí. Si estás pensando en hacerte un injerto de este tipo, te garantizo que te va a cambiar la vida, y que te la va a cambiar para bien.

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